Mi vida en la Química


MI VIDA EN LA QUÍMICA (IV)

Eduardo Arce (Repsol): ‘Teníamos gente que soplaba el vidrio, y otros oficios que han ido desapareciendo”

J.A. DOMÈNECH
07/05/2017

Al día siguiente de hacer esta entrevista, Eduardo Arce se jubila en Repsol tras 37 años de actividad. Y lo hace como subdirector de Seguridad, Medio Ambiente y Calidad en Repsol Tarragona. “Toda una vida, y muy rápida”, comenta en el prólogo de una conversación que va a dar pie a reflexiones personales, pero también a otras sobre el futuro del sector.

“Aún recuerdo el primer día, con el impacto de todas aquellas instalaciones, que me impresionaron. Después de este primer choque inicial, hemos ido entendiendo el entorno y sacando mucho provecho; una oportunidad constante de aprender a título personal”.

Arce entra con 24 años en Repsol. Por entonces, estudiaba la licenciatura en Ciencias Químicas. A la vuelta de su servicio militar, Arce se incorpora a la compañía, aunque todavía no había finalizado la carrera. La empresa le ofrece acabar los estudios e iniciar una carrera profesional en la que Arce pasará por muy diversas especialidades.

A nuestro protagonista le ha pasado lo que a la mayoría en el sector químico: no existe la volatilidad, y es muy difícil ver ejemplos de cambios de compañía por parte de sus profesionales. De manera que a Arce le toco trabajar en muchos sectores dentro de la empresa. Así, pasó por laboratorio, química, refino, marketing, seguridad y medioambiente.

“En mi vida profesional podemos destacar dos etapas. Una al principio, en Laboratorio, donde estuve más tiempo; y la parte final en Seguridad y Medioambiente: ahí tuve la oportunidad de ser muy visible para toda la organización, e intercambiar muchas experiencias con gente que no es de tu compañía”.

“Aterricé en la compañía en 1980, cuando finalizaba la segunda crisis del petróleo, que se inició en 1978. El polígono estaba todavía en desarrollo, no del todo consolidado. He vivido esta consolidación con la implantación de nuevas empresas”. Y es que, por ejemplo, “nuestra refinería era al principio como una Torre de Babel, un conglomerado de gente nueva, que venía de diversos lugares y formaciones. Teníamos en el laboratorio incluso gente que soplaba el vidrio, y otros oficios que han ido desapareciendo”. Y allí se trabajaron proyectos interesantes, como por ejemplo “cuando en 1990 participamos en el desarrollo de un combustible que permitió alumbrar la antorcha olímpica de Barcelona 92. Tenía que ser fiable, que no hiciera humo, entre otras características”.

 

‘Mientras en Europa han cerrado refinerías,

las nuestras se mantienen’

 

No sin cierta nostalgia, Arce explica como el apogeo de la industria química local se vivió en el periodo 2010-2012. “Después vino la crisis, que ha sido muy persistente y ha tocado algunas compañías”. Pero el sector es cíclico: la apuesta de ChemMed, una idea que procedía de hace años y que ahora ha cristalizado bien. Además, las empresas están apostando por Tarragona, por una mejor logística, y que si superamos determinados déficits, el polígono seguirá siendo floreciente, aunque tenemos retos por delante que tenemos que afrontar”, subraya Arce.

A lo largo de su carrera en Repsol, Arce ha tenido 13 jefes directos. “Gente muy interesante, sabia. Recuerdo al jefe de Laboratorio, que vino de Puertollano, Tomás de la Calzada: sabía trasmitir conocimiento. Y también a Miguel Robles, jefe de Procesos, uno de los grandes especialistas del negocio de refino”.



La química hoy

“Estamos en un momento con algunas amenazas: logística, coste energía, redes cerradas, la globalización… La gran mayoría de los que estamos aquí somos multinacionales con los órganos de decisión fuera del territorio. Esto nos obliga a hacerlo muy bien, ya que estamos compitiendo dentro de nuestras compañías con sites que también pueden aportar mucho valor”.

“Sin embargo, nuestra posición es envidiable. La última crisis se llevó por delante entre quince y veinte refinerías en todo Europa, y las nuestras, las de aquí, se mantienen. Esto quiere decir alguna cosa. De hecho, aquí se han cerrado muy pocas empresas después de todo lo que hemos vivido”.

Arce está convencido que la “sociedad es consciente del valor que aporta la química. Pero somos de ciencias –dice sonriendo-; quizá un poco parcos en explicaciones. Y cuando tenemos la oportunidad de darnos a conocer con visitas a las plantas, la gente se sorprende: se llevan una impresión diferente, a mejor. Lo cierto es que no hemos sido muy activos a la hora de explicar nuestras cosas. Nuestra obligación es aproximarnos a la sociedad”.

Pero, “no somos tan buenos como deberíamos en aproximarnos a la sociedad”, argumenta. “Hay que generar confianza en la gente. A veces se magnifican situaciones que no tiene sentido darles tanta importancia”.

Aunque reconoce que se han hecho muchas cosas: relación con la universidad, los paneles público asesor, el propio Plan de sostenibilidad de su compañía, “la comunicación es un reto que tenemos por delante. La sociedad demanda información. Y luego tenemos las redes sociales, la velocidad de la información, la certidumbre de la información con respecto a esa velocidad…”

Arce ya tenía meditado lo que haría tras el adiós a una larga trayectoria profesional. No obstante, como les ocurre a no pocos profesionales, lo hace pensando que las compañías, pese a establecer claramente los tiempos, “desperdician quizá un capital humano de calidad, con mecanismos como las prejubilaciones, y tengan que abandonar las empresas gente muy preparada”.

De cara al futuro, Arce quiere dedicar tiempo a la familia, viajar, conocer mejor nuestro entorno. Y, sobre todo, “quiero intentar devolver un poco lo que la vida te ha enseñado. Buscar alguna fórmula de voluntariado”.

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