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Covestro, no solo química


Covestro, no solo química



J.A. DOMÈNECH
01/04/2016

Es una de las grandes del clúster químico de Tarragona, una firma que presenta en su currículo local cifras importantes: capacidad de 170.000 toneladas en su planta de MDI (producción de isocianatos) y 25.000 toneladas en la denominada Casa de Sistemas (poliuretano). Emplea de forma directa en Tarragona a unas 230 personas.

Detrás de Covestro hay, además, una historia que la convierte en uno de los referentes del polo químico. La antigua Bayer MaterialScience inaugura sus instalaciones en Tarragona en 1971. No fue la primera empresa en hacerlo, pero sí la que materializó la interconexión industrial, al consumir productos que ya se producían en el polígono. Bayer MaterialScience pasa a ser una compañía independiente en septiembre de 2015 bajo el nombre de Covestro. Hoy sigue en la órbita del gigante Bayer, que mantiene la mayoría de su capital, pero con la vista puesta en su futuro a corto plazo, cuando se convertirá en una firma totalmente independiente. En este camino ilusionante, los retos son enormes, y de ellos han de emerger las oportunidades.

En este proceso, Covestro ha tomado una decisión, precisamente para garantizar la viabilidad de sus otras líneas fabriles y las que puedan surgir. Se trata del anuncio del futuro cierre de su planta de MDI, que no resultará competitiva a corto plazo. Sin embargo, como suele ocurrir, este tipo de noticias suelen amplificarse. Y ahora parece que se ha instalado un altavoz que la repite una y otra vez, dejando poco espacio precisamente para las alternativas que anuncia la propia Covestro. Casi nada se insiste en que quedará la Casa de Sistemas. Eso seguro, pero es que además la compañía busca diversificar y ampliar sus acciones en Tarragona: ver cómo puede dimensionar su parque industrial, que comparte hoy con otras tres empresas, y construir un centro logístico de ácido clorhídrico. En fin, compensar en lo posible los efectos del cierre de la unidad de MDI. Covestro se empeña y trabaja en una solución, dirigida a proteger y salvaguardar el mayor número de puestos de trabajo.

Ya hemos apuntado algunas magnitudes de Covestro concernientes a Tarragona. Pero es que a nivel mundial apabullan. Líder en polímeros de alta tecnología, número uno o dos en todos los segmentos de actividad en los que trabaja, 16.000 empleados en todo el mundo…

 

Primero, las personas

Pero estamos en una empresa que, más allá de sus capacidades, quiere también mostrar el valor de lo que aporta a la sociedad. Se trata de un papel compartido. El clúster local lucha por mejorar su imagen, por dar a conocer lo que aporta, por conseguir, finalmente, hacer visible que aquello que produce aporta gran parte de lo que hoy conocemos por bienestar. La lista de productos, componentes y soluciones, es larga y espectacular, de manera que hoy sería imposible entender nuestra cotidianeidad sin los aportes de esta industria.

El tamaño de Covestro no esconde por ello un alma vacía, fría y metálica dedicada a la producción y generación de beneficios. En esta empresa se vive, se trabaja, se colabora. Detrás de la obligada rutina, asoman muchos detalles para hacer mejor las horas que dedican sus colaboradores. Hay un potente engranaje de relaciones humanas, de vida en común, que también hacen empresa. Es una pequeña ciudad en la que los equipamientos compartidos con otras empresas son un ejemplo a exportar. Y el orden, la limpieza –pulcritud, como veremos– llaman la atención. Sin embargo, en esto quiere centrarse este reportaje: en el protagonismo de sus colaboradores, resumido en algunos perfiles que hemos podido entrevistar.

Ana Marcusson trabaja como export-import assistant en el departamento de Supply Chain, que es como a ellos les gusta denominarse, en lugar del muy baqueteado de logística. Su trayectoria en Covestro es de casi dos años. Pero su currículum, a pesar de su juventud, recoge su paso por conocidas multinacionales del sector químico de Tarragona, e incluso estuvo un tiempo en la Autoridad Portuaria de Tarragona. Hablamos de su trabajo, que le entusiasma. “Es lo que a mí me gusta hacer”, dice sonriendo.

En el departamento de Marcusson se ocupan diez personas. La mayoría de los productos de la planta de MDI salen por barco a diversos destinos: el 90% se exporta. Pero también se provee a otras plantas del clúster químico.

Marcusson se siente muy orgullosa de trabajar en Covestro, ya que “es una gran empresa y me siento realizada profesionalmente. Además, cada día aprendes cosas nuevas”. Como otros muchos trabajadores de Covestro, Marcusson colabora en actividades de voluntariado que se desarrollan en la compañía, una faceta de Covestro poco conocida en el exterior. Mientras damos una vuelta por algunas instalaciones, no esconde un deseo: “Ojalá pudiera trabajar siempre en esta empresa”.

Seguimos, de la mano de Ana Marcusson y de Laia Flórez, agregada al departamento de comunicación de la empresa, en nuestra visita por diversas instalaciones. Les indico que en lo que tengo más interés es precisamente en aquellos espacios en los que los operarios hacen vida en común, y se mezclan incluso con otros trabajadores de las otras firmas adjuntas. De manera que nos encaminamos al comedor. Lo primero que impresiona es la limpieza y la disposición justo antes de iniciarse un turno de comidas. Todo muy cuidado, perfectamente ordenado y pulcro. Es, además, un lugar inundado por la luz natural, al estar envuelto por paredes de cristal. No extraña, entonces, como remarca Laia Flórez, que se aproveche el espacio para otros eventos como algunas reuniones, o la fiesta infantil para los hijos de los empleados, y sea además el centro de programas solidarios: recogida de alimentos, ropa, juguetes, entre otros, de las campañas que organiza Covestro con sus colaboradoess.

 

Orden y limpieza

Y ahora nos dirigimos al lugar donde, en teoría, no llevarías nunca a las visitas: el vestuario. Nos sorprende, como vimos en el comedor, la limpieza del lugar, como de hospital, y el cuidado de todos los elementos: las hileras de taquillas, los bancos, incluso las toallas colgadas, todo parece regirse por un criterio matemático de la estética, en el que la mínima mancha o desorden se detectarían fácilmente.

Volvamos a las oficinas. David Herguedas es ingeniero mecánico, con dos años y medio de experiencia en Covestro. Antes estuvo en la empresa Prüftechnik. “Un buen trabajo, pero me pasaba el 80% de mi tiempo fuera de casa”. Herguedas es el responsable del departamento de fiabilidad. Realmente, las competencias de esta área son muchas, que debemos resumir en que en ella se estudia la criticidad de los equipos, a diferentes niveles, que tienen como objetivo certificar la fiabilidad final de estos equipos en las áreas de producción, seguridad, mantenimiento y recursos, entre otras. En este departamento, entre talleres y el área propia de fiabilidad trabajan 20 personas.

Covestro, no solo química

 
 

Covestro se empeña y trabaja en una solución, dirigida a proteger y salvaguardar el mayor número de puestos de trabajo

 

Herguedas tiene una visión clara de su sector y el impacto en la sociedad. “Hay que distinguir entre el punto de vista de la gente que no trabaja en el sector, que en muchas ocasiones únicamente son conscientes de los riesgos que pudieran derivarse”. Y por otro lado “están los que trabajan en este sector, que sabemos bien el impacto positivo en la provincia del clúster local”. En este sentido, Herguedas valora especialmente el papel de ChemMed: “Su potencial es enorme”, argumenta. “Esta zona es privilegiada para la industria; tenemos un gran puerto, unas buenas comunicaciones, a falta del imprescindible tercer carril ferroviario. Aunque también es verdad que con un gran handicap: el precio de la energía, lo que supone una limitación para vender fuera”.

Covestro comparte algunas instalaciones comunes con otras empresas a las que ha acogido en su site: Elix Polymers, Bertschi y Kemira. En este sentido, la multinacional ejemplifica muy bien aquello a lo que quiere llegar ChemMed: aprovechar las oportunidades que ofrece todo lo que tiene el clúster de atractivo para aquellas empresas que quieran venir a instalarse, compartiendo diversos servicios, Así, el site de Covestro ofrece elementos de seguridad comunes, áreas compartidas por los trabajadores (comedor, servicios médicos, logística de entrada a las instalaciones, o simplemente los vestuarios, por ejemplo) a las empresas ubicadas en su parque industrial.

Teoría del ‘ay’

Pero estábamos con algunos de los colaboradores de la empresa. Juan Patau es una institución, así me lo hacen ver algunos de sus compañeros y rápidamente descubro por qué. Patau es el responsable de Seguridad y Salud de las dos plantas de Covestro en nuestro país. Lleva 41 años en la compañía: desde su carrera en Bayer a la nueva denominación.

La seguridad hoy nos parece en el sector químico una de las grandes prioridades. Las normativas son rigurosas y extensas, y los parámetros de cumplimiento muy elevados, más allá incluso que los legalmente establecidos. Pero en esto también hubo unos inicios. “Y es que al principio tuvimos que innovar muchísimo; había pocos aspectos legales, que tu tenías forzosamente que complementar. Y en este sentido –reconoce Patau-, hemos aportado mucho a los sistemas que regulan ahora la legalidad de los procedimientos. Patau señala que ya mucho antes de la llegada de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, la compañía tuvo un claro protagonismo en este campo. “Fuimos los pioneros, los abanderados de lo que vendría después, y todo porque la empresa tiene una cultura clara, la de mantener el nivel de excelencia”.

Juan Patau trabaja con las personas, ese es su objetivo. “Covestro tiene un compromiso claro: tenemos que hacer que las personas cumplan y acepten la normativa como algo sustancial a su trabajo, pero especialmente debemos protegerles, que vuelvan sanos y salvos a sus casas”, dice sonriendo.

¿Cómo resumir un trabajo tan complejo? Patau, que llena su argumentario de anécdotas, nos lo aclara con su teoría del “ay si’’. “Lo nuestro ha sido la evaluación del ‘ay’, o sea, ay si me pasa esto o lo otro: ay si me caigo; ese ay que todos dicen y que nadie hace caso…”. Imposible describirlo mejor.

El trabajo del departamento de Patau tiene algo de conocimiento personal de los colaboradores, de psicología individual. “Porque hay otros factores que pueden afectar al trabajo del equipo”, argumenta. “Tenemos que estar muy pendientes, porque, a veces, hay personas que no vienen en las condiciones necesarias, incluso desde el punto de vista del humor o implicación, y eso puede afectar negativamente al resto: fundamental sobre todo para aquellos trabajadores con especialidades que pueden implicar riesgo”. Al final “te das cuenta que todo trabajador participa en la prevención de riesgos”.

Me parece que Patau no piensa en la jubilación; Covestro se ha convertido en su gran familia, de la que no puede prescindir.

En este reportaje falta, quizá, la joya de la corona de Covestro: el laboratorio. En él se trabaja con materiales innovadores, se hacen pruebas, fórmulas para los clientes, se ofrecen soluciones a demandas concretas. Es un poco el sancta sanctorum de Covestro, el epicentro en nuestro país de la Casa de Sistemas: la fuente de recursos tecnológicos, de investigación y apoyo del principal fabricante mundial de materias primas de poliuretano. Y es que desde la Casa de Sistemas de Tarragona, Covestro da cobertura a muchos países europeos y del norte de África.

Decíamos que el laboratorio nos ha quedado pendiente, como si fuera muy celoso de su trabajo, y sus secretos fueran a escaparse. Seguro que podremos tratar de él en otro artículo. Y, sobre todo, hablar con las personas que trabajan en él. No solo de química, naturalmente.



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