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<center><em>Médicos con buena química</em></center>

Médicos con buena química


J.A. DOMÈNECH

“Si el gran valor de las empresas es el capital humano -y aunque suene pedante-, pues algo tenemos que ver en que ese capital humano esté en las mejores condiciones para trabajar”. Quizá la frase de Joaquín Alvira resuma la función de todo médico de empresa.  Aunque, como veremos, son muchas las peculiaridades de esta profesión en el seno de la industria química.

Alvira, responsable del área médica de Basf Española en el clúster local, coordina el Grupo de Trabajo de Médicos de Empresa de la AEQT, una iniciativa que cristalizó hace 15 años con la idea de intercambiar experiencias a través de una serie de reuniones periódicas. De ahí surgieron contenidos: grupos de formación,  puesta al día de técnicas, intercambio de experiencias y colaboración con el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, entre otros cometidos.

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Joaquín Alvira (Basf): “Se ha hecho un gran trabajo en prevención y concienciación de los riesgos”

La AEQT, sus empresas integrantes, tenían una inquietud en este campo, centrado en la salud. Más allá de los riesgos comunes que pueden darse en una industria de este tipo, además de los excepcionales como explosiones o incendios, “lo que motivó el inicio de nuestra actividad en el Grupo fue exponer los productos que conocemos con la idea de que los hospitales de referencia,  y en concreto el Joan XIII, conocieran qué productos utilizamos y los protocolos habilitados, así como los  tratamientos y antídotos”, argumenta  Joaquín Soler, de Repsol.

Y es que ‘una de las partes fundamentales de nuestro trabajo es evaluar los riesgos; hay muchas diferencias con otro tipo de industrias, más allá de la vigilancia de la salud’, señala Llorenç Saltó, médico de Ercros.  Saltó remarca la idea de “promoción de salud, no solo la prevención de riesgos, una acción para ayudar a evitar los riesgos personales y colaborar en la mejora de la salud”.  

Una de las peculiaridades de la actividad en las químicas es que se trabaja en circuito cerrado. Es decir, con elementos que van  por tuberías, válvulas, intercambiadores, etc. “El planteamiento es que la exposición sea cero: los productos siempre en circuito cerrado y cuando se produce esa exposición, toma de muestras o incidencia, ir a la protección personal”, explica Soler. “Y esto ha mejorado sustancialmente”, remarca.  Aunque la exposición a los productos es cada vez menor, “a mí me ha preocupado mucho más el trabajo en los laboratorios que el realizado en la planta. En ellos, aunque se ha mejorado mucho,  se toman muestras, se hacen trabajos directamente con los productos. Es un punto que es muy sensible, y  a lo mejor no se piensa”.

 

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Joaquín Soler (Repsol): “En cuarenta años hemos vivido un cambio espectacular en este campo”

Aun así, “más allá de la exposición, también nos preocupa que los trabajadores sean aptos para realizar estos trabajos y que no van a correr ningún peligro”, explica Maria Mercè Martínez, de Dow. De hecho, “se ha mejorado muchísimo en los últimos años en las condiciones de trabajo”, dice. Pero los bajos índices de accidentalidad tienen también  que ver, y mucho, con la sensibilización de los trabajadores, su inquietud por hacer las cosas bien y mejorar en este campo. “En cuarenta años hemos vivido un cambio espectacular en este campo; el viraje ha sido tremendo”, explica Joaquín Soler.

La industria química es un sector de una enorme variedad de especialidades, y cada empresa tiene, en el campo de la atención médica, también su propia dinámica. Aunque los modelos son múltiples, si es verdad que hay un denominador común.  Según explica Saltó, “pertenecemos a empresas grandes y ordenadas, y en nuestro nivel tenemos una estructura con un presupuesto adecuado. En nuestro sector, seguridad y servicio médico son una prioridad, y en ese sentido se invierte lo que sea necesario”.  

¿Y a qué nivel estamos en este campo si nos comparamos con el resto de Europa? Como en otros aspectos, nuestra industria química no tiene nada que envidiar  a la del resto de países europeos. “Países como Italia, Alemania, Francia o Gran Bretaña,  tiene nuestros mismos niveles”, explica Alvira. “Se ha hecho un gran trabajo en prevención y concienciación de los riesgos. Si nos comparamos con el resto de Europa, en la aplicación de las normas estamos, como mínimo, al mismo nivel que estos países”.

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Llorenç Saltó (Ercros): “En nuestro sector, seguridad y servicio médico son una prioridad, y en ese sentido se invierte lo que sea necesario”

Además, “los hospitales conocen los riesgos de la industria química”, remarca Soler. “Y si hay algún antídoto necesario lo llevamos nosotros”, añade.  De manera que “los problemas que pueda haber, la inmensa mayoría, se resuelven localmente”, subraya Alvira.

La inversión adecuada, el diseño de protocolos específicos, la especialización, factores todos que no evitan, naturalmente, que existan incidencias. Las asistencias son muchas y, en cambio, todo este trabajo e inversión alcanza a veces excelentes resultados. Como es el caso de Ercros, que recientemente ha dado a conocer un registro de siete millones de horas trabajadas sin sufrir ningún accidente laboral  con baja. Todo un récord.

Una de las claves de la muy baja siniestralidad es que en el sector químico el porcentaje de incidencias derivado de la actividad es muy menor, si lo comparamos con el resto de sectores industriales. De hecho, explica Alvira, “la tendencia de los accidentes en los últimos 10 años es claramente descendente, incluso del personal externo de contrata dentro del recinto de fábrica”. La normativa regula el trabajo específico de los servicios sanitarios en la industria química, permitiéndoles la asistencia de urgencia en caso de accidente o enfermedad. El gran cometido es la vigilancia de la salud. Pero es muy relevante también el trabajo de estos especialistas en la asistencia médica; el tratamiento de la patología común: cuando un operario acude con fiebre, o un dolor, al que tratan de diagnosticar y dar tratamiento. Aunque “siempre limitado a nuestras capacidades materiales”, recalca Saltó. Porque hubo un tiempo en que incluso se les permitía recetar, pero una disposición de la Seguridad Social impidió esta práctica. Decisión que no pocos galenos de esta industria califican como un “error”, achacable a la situación de crisis.

Y seguramente este servicio ‘común’ es una de las grandes virtudes asistenciales en este sector médico. “Aportamos mucho para el trabajador: en ese control que tenemos podemos detectar patologías que nada tienen que ver con su trabajo”, argumenta Martínez. En ese sentido, Soler remarca que “ofrecemos confianza al colectivo de trabajadores, le damos una continuidad de servicio: vemos la evolución de una persona que, por ejemplo, lleva ya 10 años trabajando allí. Cuando tienen un problema médico y lo resuelves o lo derivas, entonces haces que los trabajadores, gracias a la relación y la confianza,  sean buenos colaboradores,  y se impliquen en las tareas de prevención y prácticas que llevamos a cabo”.  De esta manera, por ejemplo, se consigue, según las estadísticas, que el nivel de participación de los trabajadores en la vigilancia de la salud sea muy alto: de más del 90% en las tareas voluntarias y del 100% en las obligatorias. Cifras que pueden presentar muy pocos sectores.

Igualmente, como derivada, se consigue que el absentismo laboral por enfermedad común esté en mínimos. “Aunque sabemos que el porcentaje cero no existe”, indica Alvira, que matiza que “ahora vemos un repunte general, pero no es sorprendente”.  En opinión de Martínez, “en nuestro sector siempre ha sido muy bajo. Por otra parte, hay que tener en cuenta que en la química gran parte trabaja a turnos, y hay una cierta responsabilidad de no fallar porque eso fastidia al compañero. En ese campo, hay una cierta conciencia por parte del trabajador”.

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Maria Mercè Martínez (Dow): “Aportamos mucho para el trabajador: en ese control que tenemos podemos detectar patologías que nada tienen que ver con su trabajo”

Técnicamente, la ley dice que una empresa debe tener una unidad de salud laboral cada 2.000 trabajadores. Unidades que deben ser ocupadas por un médico de trabajo a jornada completa. A partir de ahí las empresas amplían de la forma que creen conveniente sus dependencias médicas. Por otra parte, los servicios de prevención en las químicas son mayoritariamente propios. En este campo, es suficiente ejercer  dos de las cuatro especialidades de este servicio (seguridad, higiene, medicina del trabajo y ergonomía-psicosociología).

Lo cierto es que los servicios médicos propios en la industria química amplían las obligaciones legales para  crear unos parámetros de servicio muy elevados.  Han añadido unos como la extensión de análisis a todo el colectivo, la didáctica en hábitos alimentarios, de salud, fomento del ejercicio físico, primeros auxilios, entre otros muchos. Y es que como apunta Soler, “si las personas tienen salud, irá en pro de sí mismas, de la seguridad, e incluso beneficiará  a las empresas y tendrá influencia en las familias”. Y todo el trabajo se realiza con un fin principal: elevar el nivel de salud de los trabajadores.


¿Cómo funciona el Grupo de Trabajo de Médicos de la AEQT?

La participación en el Grupo de trabajo de Médicos de Empresa de la AEQT es voluntaria. Se adhieren los profesionales médicos de las empresas químicas que lo desean, en un ambiente que procura siempre una orientación práctica: compartir experiencias y  mejorar las competencias. En la actualidad el grupo lo conforman siete médicos. Joaquín Alvira de Basf Española, Jaume Cros, de Bayer Materialscience;  Antonio Otón, de Clariant Ibérica; Maria Mercè Martínez, de Dow Chemical; Llorenç Saltó de Ercros; y J.A Benedicto y Joaquín Soler en representación de Repsol.

Se realizan actividades docentes y conferenciasen colaboración con el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. No faltan la organización de jornadas técnicas de formación, y la colaboración con la URV.


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