Opinión
Para que la industria química española sea protagonista del futuro

BQ.
16/06/2015

A día de hoy nos encontramos en un momento crucial. Según un informe desarrollado por la consultora Prognos para la VCI (la Federación Química Alemana), el sector químico y farmaquímico será el segundo que más crezca a nivel global -por detrás únicamente del sector energético- hasta el 2030 con un ritmo de crecimiento del 4,5% anual. Hay que tener en cuenta que el sector prácticamente está presente en todos los sectores económicos, lo que explica una constante demanda global al alza.

España presenta distintas zonas de inversión localizadas. Todo el territorio nacional dispone de importantes infraestructuras de transporte y logísticas aunque existen zonas de amplia implantación de empresas y plantas químicas que, en función del tipo de producción y mercado, pueden ser óptimas. Contamos, por ejemplo, con el mayor clúster químico del Mediterráneo y del Sur de Europa, ChemMed, localizado en Tarragona. En el área andaluza conviven los importantes Clústeres de Huelva y Algeciras, y a lo largo del eje mediterráneo se ha desarrollado especialmente la industria química en la Comunidad Valenciana y Murcia. También en el Norte, se encuentran enclaves estratégicos en País Vasco, Cantabria y Asturias, siendo Madrid, Aragón y ambas Castillas, las comunidades con mayor porcentaje de producción química entre las regiones sin litoral costero.

Además, la localización geoestratégica confiere a España un relevante potencial para acceder a otros mercados intensivos, ser el país de la UE que dispone de una mayor longitud de costa con 46 puertos internacionales con capacidad para el transporte de mercancías a escala internacional.

Que la industria química española sea protagonista del futuro que se perfila depende no sólo de las compañías y de sus decisiones, sino también de aquellos factores exógenos dependientes generalmente de los poderes públicos –nacionales y comunitarios- que determinan si en nuestro país las empresas pueden acceder a un coste energético competitivo, disponer de infraestructuras logísticas y de transporte suficientemente dinámicas, un marco regulatorio y fiscal que no desanime la actividad productiva, recursos humanos cualificados, y todos aquellos elementos que influyen en el proceso de decisión de inversión de una empresa en nuestro país.

Una política industrial orientada sobre estos factores clave garantizaría el crecimiento de nuestra economía sobre una base industrial, lo que nos dotaría de la solidez y resistencia que sí han mostrado otros países durante la crisis. No cabe duda de que la química será el principal protagonista de la innovación global, y la que en mayor medida propiciará el nuevo desarrollo de todas las actividades humanas e industriales. Y España debe formar parte de este futuro si es capaz de ofrecer unos factores de competitividad atractivos para los inversores.

 

 

 


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